viernes, 30 de mayo de 2014

Encrucijada


Llegando al final del camino
la niña se detuvo y observò:
a su izquierda...
praderas verdes,
salpicadas por pequeñas flores silvestres amarillas,
inmensidad.
A la derecha,
el terreno se encorvaba...
repliegues de roca,
un rìo oscuro
a lo lejos.
La lógica le gritaba:
¡Seguì lo màs fácil!
¿Para què desafiar un precipicio
si la llanura no admite competencia?
La curiosidad,
en cambio,
la empujò hacia el otro lado:
el difícil,
el tortuoso,
aquel que luego de un comienzo lento,
desgarrador,
con grandes retos
y pocos respiros,
la hizo llegar a su destino final
en la mitad de tiempo.

Clara Alazraki