domingo, 28 de julio de 2013

Para ser feliz...

“La gente busca la felicidad donde no la puede encontrar. Para ser feliz, antes hay que conocerse, y sobre todo, aceptarse”. 

Con la extraordinaria actuación de Catherine Frot, en el personaje de Odette Toulemonde, esta película dirigida por Éric-Emmanuel Schmitt tiene los ingredientes necesarios para llenarnos el alma a los románticos. 

Con un final (para mi gusto) innecesariamente fantasioso el film, estrenado en 2007, brinda la ocasión de preguntarnos acerca de la felicidad. 
Una escena para destacar, con un diálogo memorable: 

1:14:55 http://youtu.be/xFuq5ypbyHY?t=1h14m55s


Odette – No quiero acostarme con Usted porque no voy a vivir con Usted. En mi vida solo está de paso. Tal como entró en ella se marchó.

Balthazar – Sin embargo, he vuelto.

Odette – Sí, pero volverá a marcharse. Además la edad, París, Charleroi, el dinero, la falta de dinero… Es imposible. Podemos cruzarnos, pero no reencontrarnos.

Balthazar – Sin embargo, la necesito muchísimo.

Odette – Lo sé.

Gracias a mi amigo Vladimir por la recomendación, ideal para una tarde de domingo. La película completa: Odette, una comedia sobre la felicidad


domingo, 14 de julio de 2013

Todos son Vos

“Siempre fuiste mi espejo, quiero decir que para verme tenía que mirarte” 
Julio Cortázar 

Y cada uno sos vos. Tu mirada oscura, la cuidadosa selección de tus palabras, la sonrisa tímida. El humor, rozando apenas a la ironía. La sencillez, tan incompatible (o no) con la aparente simplicidad fundada en el conocimiento. Los libros, los autores, las músicas. El amor a la familia, ese dejo de niño consentido, cierta ternura. Algún gesto, un malhumor reprimido por la huella de una educación rigurosa, de llamados de atención que no permitían exabruptos. Jamás una grosería, una desconsideración. Todos son vos. Van transitando por mi vida, dialogamos, acordamos o debatimos. Los encuentro atractivos. Y, siempre, en algún momento, aparece ese “déjà vu”, ese sentimiento de extrañeza ante lo conocido, lo vivenciado… La melancólica certeza de que nunca volverás a ser mi espejo. Ya no.