sábado, 22 de junio de 2013

Un tiempo para desvirtualizar

 Desvirtualizar no es el término preciso para describir el encuentro. Nos conocimos, la mayoría de nosotros, trabajando en la escuela. Sin embargo, los distintos horarios de las actividades cotidianas, los compromisos familiares y, últimamente (y con mucha alegría) las relaciones de pareja que establecieron algunos de ellos, hizo que pasara un tiempo sin reunirnos. El motivo que generó "la juntada" fue festejar mis cinco décadas. Sin formalidades ni preparativos, mensajes de texto y en Facebook fueron suficientes para quedar a la tardecita del día de la bandera. No hubieron dispositivos tecnológicos mediando, sino el mate amargo que circulaba, algún capuccino, agua mineral. El protagonismo culinario lo adquirieron la torta de los 80 golpes de Vlady, la pasta frola elaborada con dulce de membrillo casero de Fer, los pastelitos, los alfajorcitos de maicena, unas masitas secas. Quizás faltó el chocolate caliente para terminar de dar un toquecito criollo a la degustación.
Lo cierto es que resulta necesario, cada tanto, apagar los celulares (salvo para registrar la mesa dulce), olvidar la cámara fotográfica en la cartera (¡ay, Moni!), dejar el Facebook para luego, y compartir las risas, mirarse a los ojos, observar atentos a que Ana no se decidiese a parir ahí (Thiago se movía dentro de su panzota), escuchar las voces, las entonaciones, advertir los gestos. El mundo virtual tiene muchas ventajas en cuanto a facilitar la comunicación. Pero, ¡qué maravilloso es encontrarse en la presencialidad de los abrazos! ¡Gracias, Amigos por las horas compartidas! ¡Se los quiere!

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